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La Alhambra y sus azulejos

La Alhambra y sus azulejos

Como decía Antonio Machado “Todas las ciudades tienen su encanto, Granada el suyo y el de todas las demás”. La ciudad de Granada y más concretamente la Alhambra, según datos de la Organización Mundial de Turismo, se ha posicionado en el octavo lugar entre los monumentos más visitados del mundo, rompiendo con la estacionalidad del turismo y coronándose como el monumento más deseado por el turismo nacional y el que llega a nuestro territorio procedente de otros países, batiendo su propio record en el año 2017 con un total de 2,7 millones de visitantes, y no es de extrañar, puesto que su inmenso valor arquitectónico y cultural fue puesto ya de manifiesto por Orden de la Regencia del Reino, en el año 1870 que declaraba Monumento Nacional, histórico y artístico el Alcázar con sus jardines y dependencias accesorias, actualmente forman parte del Patrimonio Mundial de la Humanidad la Alhambra y el Generalife desde el 2 de noviembre de 1984.

Su construcción fue iniciada en 1377 por Al-Ahmar, fundador de la dinastía nazarí que la convirtió en residencia real, comenzando así la época de mayor esplendor de este monumento. La fascinación de la Alhambra está en su historia, pero también en sus fuentes, patios y jardines y como en sus alicatados, uno de los elementos principales que forman parte de su decoración junto a las yeserías y techumbres. Los artesanos nazaríes preparaban sus pigmentos utilizando diversos componentes de origen mineral que una vez mezclados y cocidos en hornos, eran triturados para formar el polvo con el que después se bañaban las piezas cerámicas.

Centrándonos en los alicatados, podemos comprobar que estos estaban formados por pequeñas piezas de cerámica vidriada de diferentes formas, colores y tamaños que se agrupaban y colocaban unas al lado de las otras siguiendo un diseño previamente trazado, formando series ininterrumpidas con arreglo a ese sentido de lo infinito tan desarrollado entre los pueblos orientales y con el fin de conseguir formar tramas geométricas de una gran complejidad, siendo esta una de las características o seña de identidad del arte musulmán, por lo que a lo largo de una visita podemos encontrar multitud de variados diseños, con mejor o peor estado de conservación, que decoraban puertas, torres, salas, suelos, etc. Los artesanos trabajaron con tal maestría las representaciones geométricas que nos dejaron no solamente un impresionante legado ornamental sino también matemático ya que es el único monumento antiguo en el que están presentes las 17 formas que existen de teselar un plano.

En general, las composiciones podían ser simples, basadas en la repetición de una o dos figuras o complejas, en las que diferentes motivos se desplazan y rotan para generar a su vez nuevas formas geométricas a un nivel superior. Algunos de los ejemplos más reseñables podemos encontrarlos en el baño de Comares, Salón de los Embajadores, Patio del Cuarto Dorado, Patio de los Arrayanes, Sala de los Reyes, Sala de los Ajimeces, Sala de la Barca, Palacio de Comares, Torre de las infantas, mirador de lindaraja, la torre de la cautiva o Sala del Mexuar, la más antigua de la Alhambra. Los colores que utilizaban para sus azulejos son variados, destacando el blanco, verde, negro, azul, celeste pálido, amarillo y un tono purpúreo como excepción en la torre de la cautiva.  Colores que se siguen empleando a día de hoy en la cerámica artesanal tradicional, siendo uno de sus mayores exponentes, Miguel Bartolomé, quien diseña para Cerámica a mano alzada, una interesante tienda online que os recomendamos visitar, llena de celosías cerámicas, cerámica a medida, azulejo tipo metro, hexágonos cerámicos, baldosas hidráulicas, etc.

El azulejo en Portugal

El azulejo es una de las señas de identidad de la cultura portuguesa, multitud de edificios públicos y privados, así como parques y jardines lucen en sus fachadas o en murales representaciones con figuras en tonalidades azules tan representativas del país. En Portugal, el azulejo se introdujo de la mano del Rey Manuel I de Portugal, gran admirador de los palacios hispanos-árabes y en concreto de la Alhambra, quiso cubrir y decorar con los bellísimos azulejos que se fabricaban en Sevilla su palacio de Sintra, de este modo trabajaron en tierras lusas maestros artesanos procedentes de Triana y Talavera de la Reina que dejarían su técnica y su huella extendiéndose por todo el país, revistiendo iglesias, palacios, casas nobles, edificios públicos, etc. Hacia 1560 comienzan a surgir en Lisboa los primeros talleres de artesanos, siendo el siglo XVII cuando se produce el auténtico florecer del azulejo portugués. Actualmente en Lisboa se puede visitar el Museo del Azulejo, el lugar ideal para conocer la historia, tradición y cultura de este símbolo del país.