Dejar de creer, dejar de limitarse

Algunas de las creencias con las que crecemos y convivimos diariamente, parecen dogmas que hay que cumplir a rajatabla sin que seamos siquiera conscientes de como nos influyen. Ideas que se instalan en nuestras mentes y nos hacen actuar de una forma predeterminada sin que aparentemente, tengamos potestad sobre las acciones, o más bien, inacciones. A fin de cuentas, las creencias limitantes, nos llevan a dejar de hacer cosas que queremos hacer, por la mera idea de que no somos capaces.

Aunque todos sabemos en que consiste esto de las creencias limitantes, es posible que no sepamos identificarlas o tengamos muy claro como se producen estos pensamientos arraigados y tan nefastos para nuestro bienestar emocional.

Nuestras amigas de Psicoarmonia Emocional, especialistas en terapias psicológicas online, nos han hablado en profundidad de este tipo de pensamientos que invalidan a las personas, afectando su día a día. Para adentrarnos en el tema, hay que empezar por saber en que consisten verdaderamente este tipo de pensamientos y como se producen.

Este tipo de ideas, opiniones o pensamientos negativos, son habitualmente denominadas como creencias limitantes. Se trata de ideas que consideramos ciertas, aunque no lo sean necesariamente, pero terminan por condicionar nuestra vida. Son ideas que todos tenemos y aparecen de vez en cuando, haciéndose notar y en los momentos menos apropiados. Es decir, hacen su aparición estelar cuando menos lo esperamos y menos falta hace, puesto que nos bloquean.

Ideas tales como “no se hablar en público” o “soy negada para sacarme el carnet de conducir”, “los demás saben más que yo” o similares, son ejemplos de este tipo de creencias erróneas que damos como validas sin siquiera reparar en ellas.

Poca importancia tiene si se ajustan o no a la realidad, pues es nuestra propia mente quien, sin consultarnos, las da por certeras, convirtiéndolas en reales para nosotros. Además, este tipo de creencias, se refuerzan con el tiempo y ejerce gran influencia en nuestro comportamiento. Hacen mucho daño, pues nos impiden crecer y desarrollarnos, evitando que nos enfrentemos a nuevos retos y dificultando nuestra toma de decisiones.

De donde salen estas ideas

La semilla de estas ideas que echan raíces en nuestro ser, proceden del entorno en el que hemos vivido o vivimos, la experiencia o las opiniones de los demás. En ocasiones, pueden surgir tras un intento vano de hacer algo en concreto y ante, el fracaso, nos convencemos de su imposibilidad. Puede ser que alguien cercano, familiar, amigo, maestro o compañero, nos dijera que no valíamos para hacer ese algo o no podríamos lograrlo. En cualquier caso, la cuestión es que esa semilla, en apariencia inocua, germina y acaba por echar raíces.

Como decía Henry Ford, tanto si crees que puedes como si crees que no puedes, estas en lo cierto. Si crees que eres capaz, lo serás; si crees que no lo eres, ni siquiera lo intentarás.

La cuestión es que la idea, se graba en el subconsciente y, ante situaciones similares, salen de la nada, pero de forma automática. Cuando eso sucede, aceptamos la idea como cierta y ni siquiera, la cuestionamos, como si se tratara de una verdad absoluta. Con total probabilidad, desde aquella situación hemos cambiado lo suficiente como para poseer las habilidades necesarias, aun así, nuestra mente se bloquea y nos bloquea.

Una gran mayoría de las creencias limitantes tienen su origen en la infancia, algo que puede evitarse si damos mayor importancia a generar en los más pequeños, ideas potenciadoras y positivas que impulsen a avanzar y superar las dificultades.

Si reparamos en la cantidad de creencias limitantes que anidan en nuestro interior, podemos darnos cuenta de cuales son las más frecuentes y de como afectan a la mayoría, en mayor o menor medida. Como ejemplo vamos a poner algunos de esos pensamientos que se introducen en nuestras mentes, de manera clandestina. A buen seguro que muchas de ellas, te suenan:

  • No merezco ser amado, tener éxito, ser feliz, atención, respeto, etc.
  • No puedo aprobar ese examen, hablar en público, confiar en los demás, trabajar en algo que me guste, aprender idiomas, etc.
  • No tengo derecho a expresarme libremente o se enfadarán, descansar, quejarme, cometer errores, etc.
  • No valgo para estudiar, cocinar, como madre, etc.
  • Es imposible ser autónomo y vivir tranquilo, ser rico y buena persona a la vez, que la empresa no se aproveche, etc.
  • Soy incapaz de llevarme bien con alguien, comer sano, ir al gimnasio, callarme, cambiar de opinión, etc.
  • Es difícil encontrar gente como yo, perdonar, ser feliz, etc.
  • No es correcto o no esta bien, decir palabrotas, cometer errores, pensar en uno mismo, etc.

Más de una de estas afirmaciones tan contundentes como erróneas, anidan en nuestra psique, esperando el momento de emerger y tomar las riendas de nuestra consciencia. Basta con comprobar el carácter negativo de todas estas creencias, porque empiezan con un no o palabras que indican dificultad. Si desde temprana edad escuchas un no antes de cualquier acción, ese no, permanecerá ahí hasta que seas consciente del mal que te causa. Por el contrario, si escuchas palabras positivas, crecerás pensando en tus capacidades y como fomentarlas y sacar provecho de ellas. Al mismo tiempo que serás capaz de enfrentarte a los retos y dificultades que la vida presenta.

Cambiar las creencias limitantes, es posible

Por muchos noes que tengas a la espalda, debes entender una cosa: un no, puede convertirse en un sí y viceversa. Pese a lo que nos hagan creer, todo es mutable y nada, absolutamente nada, permanece tal como es en el primer momento. La vida son cambios. Por eso, si de pequeño o pequeña, te hicieron creer que no eras capaz de algo, puede ser (y solo puede) que no lo fueras… en ese momento. Pero hay muchos otros momentos en la vida para volver a intentar hacer que ese no, se convierta en un sí.

Pensar negativamente sobre nosotros mismos, lo que somos, valemos o podemos hacer, es algo que hacemos en algún momento. Cuestionarse y plantearse ciertos dilemas, es algo normal. Las creencias, son parte de nuestro día a día, de nuestro propio ser y, pueden ser personales, sociales o culturales. Estas creencias, hablan de la percepción que tenemos de nosotros mismos y nuestro entorno. De hecho, es muy probable que algunas de esas creencias, se hereden, un ejemplo lo encontramos en frases tan típicas como que a nadie de la familia le va bien en los estudios. Evidentemente, bajo esta creencia familiar, la pasividad e inacción, va a hacer que ese patrón se reproduzca.

La cuestión esta en que las creencias deben ser cuestionadas. Se trata de una idea o pensamiento concreto que se afirma como verdadero sin haberse probado esa veracidad y, lo vamos haciendo nuestro, integrándolo en nuestros pensamientos hasta el grado de reproducirlo y funcionar en base al mismo.

Como tal, las creencias solo son creencias. Hasta que delante llevan un no o un si. En el resto de ocasiones son creencias sin más, que no suelen afectar a nuestra existencia. El problema, surge cuando las creencias negativas, nos limitan y bloquean, impidiéndonos ser quienes somos en realidad o conseguir lo que anhelamos. Este tipo de convicciones son las que hay que eliminar para poder avanzar en la vida.

Sin embargo, se pueden desmontar las creencias limitantes y dejar de sucumbir a ellas. Para lograr ese objetivo, hay que trabajar un poquito y, desechar toda idea que te limita.

Para empezar, hay que identificar lo que te está limitando. En muchas ocasiones, esas creencias están tan arraigadas e incorporadas a nuestro pensamiento y discurso interno (o externo), en la forma que tenemos de hablar sobre nosotros mismos con los demás o en nuestro diálogo interno. De ahí la importancia de localizar e identificar esas ideas perniciosas que en forma de afirmaciones, nos limitan continuamente. Hay que entender que se trata de una programación y para eliminarla, hay que desprogramarla.

Esto nos lleva al siguiente paso, cuestionar la idea. Criticarla y plantearse cuestiones tales como ¿Por qué pienso esto? ¿En que momento lo he aprendido? ¿Desde cuándo lo pienso? Se trata de desmontar esa idea que, no suele basarse en una experiencia real.

A continuación, hay que hacer borrón y cuenta nueva. Reformular esa idea y darle una forma más realista y acorde con la realidad. No hay que engañarse, si no se posee una capacidad, no se posee, se admite. Pero si se tiene una capacidad o habilidad, aunque no sea en un cien por cien, hay que ser conscientes de que se tiene.

Utilizar la técnica del espejo para visualizar ese marco en el que se haya la creencia y darle valores positivos para invertirla.

Quererse mucho a uno o una misma, incluso ante las experiencias negativas, en estos casos hay que quererse más para darse fuerza, es una de las claves que propician ese cambio de creencias. Comprobar si hay algo que se pueda hacer para cambiar y, en caso afirmativo, averiguar que es y llevarlo a la acción.

Lo fundamental es detectar esas creencias. Es el primer paso para desmontar esas ideas que nos hacen vernos de una manera errónea y, lo que es peor, actuar en consecuencia.

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