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Corría
el año 1663. Los turcos, que ya habían asolado la península de
los Balcanes y Hungría, estaban a punto de tomar Viena, la capital
del Sacro Imperio Romano Germánico. De haberlo logrado, quién sabe
cuál hubiese sido el destino de la Europa cristiana. Acudieron en
defensa de Viena tropas polacas, alemanas, austriacas e italianas.
Bajo la conducción de Juan III Sobieski, Rey de Polonia y Gran
Duque de Lituania, los cristianos infligieron una grave derrota al
ejército otomano, cuyo imperio comenzaría a partir de entonces a
perder sus posesiones europeas.
Quien
visita Viena puede recorrer hoy el lugar en que tuvo lugar aquella
histórica batalla, el Monte Kahlenberg,
una pequeña elevación cubierta de árboles ubicada en las afueras
de la ciudad.
Desde
la cumbre de este monte, que se eleva quinientos metros sobre el
nivel del mar, se accede a una de las vistas panorámicas más
bellas de la región de Viena y de su río, el
Danubio. En ella
funciona un restaurante.
Si
vas a pasar unos días en Viena ten en cuenta esta opción. Después
de unos días dedicados a recorrer palacios y museos, viene bien
relajarse en un ambiente natural, tranquilo y bello como el que
ofrece el Monte Kahlenberg.
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