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¡Qué gusto visitar la ciudad
natal de Jorge Guillermo Federico Hegel! Recuerdo haber leído que su
padre era un funcionario público y que su hijo ingresó al Seminario
de Tubinga
con el fin de obtener un título que le permitiera seguir sus pasos.
Siempre he admirado a Hegel.
La lectura de algunas de sus ideas más relevantes sabía producirme,
en mi juventud, un estremecimiento indescriptible y muy agradable.
Entiendo las críticas que a su filosofía le dirige Kierkegaard, y
debo reconocer que he vivido mucho más en sintonía con el danés que
con el padre del idealismo absoluto, pero a pesar de ello aún siento
una gran admiración y un inmenso respeto por Hegel.
Su confianza ilimitada en la razón, su pretensión de abarcar la
totalidad con ella, sin conformarse con sólo expresarla
artísticamente como hacían los románticos, su formulación de una
lógica nueva, una lógica de momentos, capaz de reconciliar los
contrarios en una unidad pletórica de determinaciones (rememorando
al ápeiron de Anaximandro), todo ello expresa un genio difícilmente
igualable. |