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La torre de la Giralda, que fuera en su momento la más alta del
mundo (tenía originalmente 82 metros de altura), forma parte hoy de la
Catedral de Sevilla.
La
Giralda fue construida en el siglo XII, por los musulmanes, como
alminar (torre desde la que se convoca a la oración cinco veces al
día) de la mezquita de Sevilla y es lo único que queda de ella.
Durante
la segunda mitad del siglo XVI, los cristianos, que hacía tiempo
habían retomado el control de la ciudad, remodelaron el remate de
la torre, incorporando una serie de volúmenes decrecientes que
culmina en una veleta, cuya figura simboliza el triunfo de la fe
cristiana. Por los giros que daba esta figura al cambiar la
dirección del viento se la llamó "Giralda", nombre que
con el tiempo terminó designando a la torre en su totalidad. La
misma, con estos agregados, llegó a medir casi cien metros de
altura (97,5 m).
Resulta
extraño que semejante torre no posea escaleras. En su reemplazo
tiene 35 rampas. Según la tradición se cambiaron las clásicas
escaleras por rampas para poder subir a caballo al primer almuecín
(el encargado de convocar a la oración), que era ya muy anciano.
Otros afirman que se pusieron rampas para que el sultán pudiese
subir a caballo por ellas. Fernando III el Santo, luego de
reconquistar la ciudad en el año 1248, subió a caballo estas rampas
para alcanzar la cima de la Giralda. |