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El espacio que sería ocupado
por el Foro Romano era, a mediados del siglo VIII antes de Cristo, una ciénaga. La misma fue drenada
gracias a una canalización (la Cloaca Máxima) que llevó sus aguas
hasta el
Tíber.
Sobre
esos terrenos bajos se edificó el Foro, punto neurálgico de la
antigua Roma. En él se encontraban los principales templos y
edificios de gobierno, se comerciaba y se administraba justicia.
La
Vía Sacra cruzaba el Foro y lo unía con la colina Capitolina. Era
la calle más prestigiosa de la ciudad, por la que desfilaban los
generales al regresar victoriosos a Roma.
Este
centro vital de la ciudad antigua es hoy un paseo al aire libre en
el que el visitante encuentra los restos de los edificios que en
otro tiempo lo engalanaban: el Templo de Júpiter, el Templo de Cástor
y Pólux (los dióscuros), el Templo de Saturno, el Templo de Vesta,
el Templo de Rómulo, el Templo de Venus y Roma, la Basílica
Emilia, la Basílica Julia (construida por orden de Julio César
como un gran edificio de negocios), el Arco de Séptimo Severo, el
Arco de Tito (construido por orden del Senado al morir el emperador
Tito, en memoria de su campaña de Palestina, en la que ocupó y
destruyó Jerusalén), la Rostra (tribuna en la que se ubicaban los
políticos para pronunciar sus discursos frente a los ciudadanos de
Roma), y la sede del Senado (o "Curia Hostilia"), entre otros. |