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El Parque Nacional de la Tijuca es lo único que queda de la selva
tropical que en otro tiempo cubría la zona hoy ocupada por la
ciudad de Río de Janeiro (Brasil).
A
mediados del siglo XIX la deforestación de la zona de Río, debida
al desmedido desmonte del bosque atlántico realizado con el fin de
ampliar las plantaciones de caña de azúcar y café, comenzaba a
amenazar la provisión de agua potable de la ciudad. Con el fin de
dar solución a este problema, el emperador Pedro II ordenó
reforestar la zona hoy ocupada por el parque y transformarla en
reserva natural.
Así
nació La
Tijuca, un inmenso parque de 3.200 hectáreas que
alberga hermosos bosques (con árboles de más de cien años), arroyos,
lagos, cascadas y picos montañosos.
Entre estos últimos se destaca el morro do Corcovado, en cuya cima
se encuentra el Cristo Redentor, y el Pico da Tijuca, que con sus
1.020 metros de altura es el punto más elevado del parque.
De
entre la fauna que habita en él, compuesta de más de 100 especies
animales, se destacan los pájaros (numerosos y
diversos), las iguanas y los monos.
En
la zona del Alto da Boa Vista se encuentran las principales
cascadas. Allí pueden visitarse también distintas grutas y unos pequeños
lagos poblados por aves.
Si
vas a adentrarte por alguno de los senderos del Parque Nacional de
la Tijuca lo mejor será que lo hagas acompañado por un guía.
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