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La
pequeña y famosa ciudad de Pompeya, ubicada cerca de Nápoles,
junto al volcán Vesubio, fue fundada en el siglo VII antes de
Cristo, y se convirtió en colonia romana 80 años antes del
nacimiento de Jesús.
En
el año 62 de nuestra era un terremoto produjo en ella severos
daños. La ciudad se repuso de esta adversidad reconstruyendo sus
edificios y dotándolos de una mayor suntuosidad que la que tenían
antes del terremoto.
Lamentablemente
este renovado esplendor duró muy poco. Al iniciarse la tarde del 24
de agosto del 79, el volcán Vesubio sufrió una explosión que hizo
volar por los aires su parte alta. El cielo de Pompeya se
oscureció, por los gases que emanaban él, y cayó sobre la ciudad
una lluvia de piedras y cenizas que literalmente la sepultó.
Durante
siglos se creyó que las ciudades de Herculano (centro urbano que
había sufrió una suerte similar) y Pompeya habían sido destruidas
totalmente. Pero a mediados del siglo XVI, durante unos trabajos de
excavación, se descubrieron parte de sus restos.
Los
trabajos para desenterrar Pompeya recién se iniciaron en 1748. El
resultado fue impactante: edificios, pinturas y utensilios intactos,
que permiten recrear la vida de la ciudad, "congelada"
aquel fatídico día.
En
Pompeya el visitante puede recorrer: el Antiquarium, el Foro, la
Basílica (Palacio de Justicia), los Templos de Apolo y Júpiter, el
Lupanar (un burdel), las Termas, la Casa del Fauno y el Teatro
Grande, entre otros interesantísimos restos arqueológicos.
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