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La
Catedral de Nápoles (Italia) se eleva sobre un terreno en el que en
la antigüedad, según cuenta la tradición, se encontraba ubicado
un templo dedicado al dios Apolo.
La
primera Catedral cristiana se construyó, por orden del emperador
Constantino, durante el siglo IV. El
edificio actual comenzó a construirse en el año 1299 y fue
concluido en 1314. Su diseño respondía al estilo gótico. En el
siglo XVII, el arquitecto
Luca Giordano lo remodeló incorporándole rasgos propios del
barroco.
En
la Capilla del Tesoro de la Catedral de Nápoles se conserva, en
ampolletas de vidrio, la sangre de San
Jenaro (San Gennaro), obispo y mártir fallecido a principios
del siglo IV. Cada 19 de septiembre, al cumplirse un nuevo
aniversario de su muerte, la sangre se licua milagrosamente. Miles
de fieles se convocan entonces para rendir homenaje y pedir favores al santo.
Si
vas a pasar unos días en la ciudad de Nápoles, no dejes de visitar
su Catedral. Tanto por su importancia como centro religioso, como
por su imponente arquitectura y por las obras de arte que cobija,
vale la pena conocerla personalmente.
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