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Una
de las arterias más refinadas de la Ciudad de México es la avenida
Paseo de la Reforma.
Esta
amplia diagonal, pensada originalmente para unir el Castillo de
Chapultepec con el Palacio Nacional, empezó a construirse durante
la segunda ocupación francesa de México, por ordenes del emperador
Maximiliano I, teniendo como modelo la avenida de los
Campos
Elíseos de
París.
Sobre
este importante bulevar se encuentran ubicados numerosos bancos,
torres de oficinas, embajadas, galerías de arte, lujosos hoteles,
restaurantes, cines y monumentos emblemáticos. Entre estos últimos
se destacan los de Cristóbal Colón (1876) y Cuauhtémoc (1887), y
el de la Independencia (1910). Este último, que consiste en una
alta columna rematada con una imagen de la victoria alada, se ha ido
transformando con el tiempo en uno de los símbolos de la capital
mexicana.
Si
vas a pasar unos días en el Distrito Federal, no dejes de recorrer
el Paseo de la Reforma. Transitando por él podrás contemplar
hermosos monumentos y edificios, visitar galerías de arte, mirar
las vidrieras de algunos de los comercios más refinados de la
ciudad, ingresar a una sala de cine y degustar un exquisito plato de
comida en algún restaurante.
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