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Junto
a la emblemática Plaza de la Constitución de la Ciudad de México
(popularmente conocida como
el Zócalo),
bordeándola por el lado norte, se encuentra la Catedral
Metropolitana, un imponente templo de más de cien metros de largo y
cincuenta de ancho.
Esta
monumental obra arquitectónica comenzó a edificarse en el año 1571. Para
hacerlo fue necesario demoler el templo que había mandado
construir Hernán Cortés, sobre terrenos ocupados antes de la
conquista por un templo azteca, cuyas dimensiones se mostraban para ese
entonces insuficientes. Las obras concluyeron, luego de muchas
interrupciones, en 1813. En el siglo XX, arquitectos e ingenieros
tuvieron que intervenir, no para construir, sino para impedir el
inevitable derrumbe hacia el que se encaminaba el edificio por la
alteración del subsuelo sobre el que se asienta. Gracias a esas
intervenciones, que dejaron algunas huellas visibles, pudo evitarse
el desplome.
Si
visitas la Catedral Metropolitana no dejes de observar con
detenimiento la fachada barroca y neoclásica, el altar del perdón
(gran obra de arte colonial), la cúpula de tambor octogonal, el
hermosísimo Altar de los Reyes (ubicado detrás del Altar Mayor) y
las capillas laterales, todas obras de gran belleza.
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