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Uno
de los sitios más visitados y venerados por los cristianos en
Jerusalén es el Santo Sepulcro (sepulcro en el que, según la
tradición, descansó el cuerpo de Jesús entre la crucificción y
la resurrección). El mismo se encuentra muy cerca del
lugar donde Jesús fue crucificado (la pequeña elevación llamada
Gólgota o Calvario) y de la piedra en la que se habría
preparado su cuerpo luego de ser bajado de la cruz (la Piedra de la
Deposición).
Sobre y alrededor
de estos lugares sagrados se han edificado a lo largo de los siglos iglesias y capillas católicas,
ortodoxas, armenias y coptas.
Recorrer
este complejo edilicio es como transitar por un verdadero laberinto. Para
arribar al lugar de la crucificción hay que subir una escarpada
escalera, al final de la cual se encuentran una sala con tres
altares. Debajo del altar ortodoxo, un agujero indica el lugar en el
que habría sido clavada la cruz de Jesús.
Junto
a la Piedra de la Deposición (o Piedra de la Unción) se encuentra
la Rotonda, iglesia de forma circular construida, en tiempos de
Constantino, sobre el lugar en que fuera sepultado el cuerpo de
Jesús.
La capilla de los cristianos Coptos, el Katholikon
(principal iglesia de los cruzados), la capilla armenia de Santa
Helena y la capilla del Hallazgo de la Cruz (para llegar a la cual
hay que descender por una estrecha escalera) completan el conjunto
edilicio.
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