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Unos
veinte kilómetros al este de la ciudad de Jerusalén se encuentra
uno de los accidentes geográficos más fascinantes del planeta: el
Mar Muerto. Este
gran lago salado, ubicado entre las fronteras de Israel, Jordania y
Cisjordania, más de cuatrocientos metros por debajo del nivel del
mar, es el lugar más hondo de toda la superficie del planeta.
El
Mar Muerto posee unas dimensiones considerables: 76 kilómetros de
largo (norte-sur), 16 kilómetros de ancho (esto-oeste) y una
profundidad máxima cercana a los 400 metros.
Lamentablemente
el hombre está afectando el equilibrio natural del lago. Para
explotar
económicamente la riqueza mineral del mismo (sal, yeso, bromuro, hidróxido de
potasio) evapora artificialmente el agua. A su vez, disminuye el caudal
de
su único afluente, el río Jordán, al utilizar sus aguas para
riego. Estos dos factores están
generando el descenso del nivel del lago y la reducción
consiguiente de su superficie.
El
alto grado de salinidad de las aguas del Mar Muerto, varias veces
superior al de las del océano,
hace casi imposible la vida en él. Pero no por ello resultan sus
aguas perjudiciales para el hombre. Por el contrario, las mismas contienen 21 minerales
diferentes que las dotan de propiedades terapéuticas.
La
gran salinidad del lago hace que sus aguas sean mucho más pesadas
que las de los océanos. Como el cuerpo humano resulta más liviano
que ellas, ocurre "el milagro": el hombre flota sin necesidad de nadar.
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