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El
Gran Cañón es un verdadero deleite para los ojos. Las vistas que
se pueden tener de él son casi infinitas, variando según la
ubicación del observador y la del sol (a medida que cambia el
ángulo de caída de sus rayos cambian las tonalidades de las
distintas capas sedimentarias).
Por
lo general, los visitantes se limitan a contemplar el Gran Cañón
desde uno de sus bordes (particularmente desde el borde sur). Otros,
más osados, hacen el esfuerzo de descender a pie hacia el valle
inferior, accediendo de este modo a otras vistas.
Pero,
para contemplar esta maravilla natural no ya desde su borde superior
o desde su valle inferior, sino desde el aire, es necesario recurrir
a un avión o a un helicóptero. Y ello es posible. Las empresas
locales de turismo receptivo están preparadas para brindar este
servicio con unidades de alta tecnología.
Desde
el aeropuerto Gran Cañón, ubicado a pocos kilómetros del Centro
para Visitantes del Extremo Sur, parten aviones y helicópteros que
llevan a los turistas a contemplar desde el cielo este imponente
fenómeno natural.
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