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La
ciudad italiana de
Florencia, capital de la región italiana de
Toscana, se eleva sobre las márgenes del río
Arno. El
Arno es
atravesado en ella por varios puentes, entre los que se destaca el Ponte
Vecchio, el más antiguo y famoso de la ciudad.
El
Puente, que existía desde antes del año 1000 hecho de piedras y
maderas, fue reconstruido en piedra a principios del siglo XII. Una
crecida del Arno casi lo destruye en 1333, por lo que debió ser
reconstruido en 1345. Durante la Segunda Guerra Mundial, en su
retirada del territorio italiano, el ejército alemán, que
destruyó todo lo que pudiera facilitar el avance de los aliados, no
dinamitó este famoso puente, el que de este modo "salvó
milagrosamente su vida".
Sobre
él funcionaron, hasta fines del siglo XVI, carnicerías y
pesquerías. Fernando I de Toscana decidió que sólo podrían
establecerse allí tiendas de joyas y piedras preciosas, negocios
ciertamente mucho más elegantes que aún hoy siguen ofreciendo sus
"delicias visuales" a los florentinos y a los turistas que
visitan la ciudad.
El
Ponte Vecchio o "Puente Viejo" conecta el casco
viejo con la parte "nueva" de la ciudad. En esta última
se encuentra, a no mucha distancia del puente, el inmenso Palacio
Pitti, que fuera la residencia de los Médicis desde mediados del
siglo XVI.
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