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¡Qué repentina fue la muerte
de René Descartes! Es verdad que siempre se es lo suficientemente
viejo como para morir (parafraseando a Heidegger), pero tan sólo
unos meses antes del fallecimiento de Descartes nada hacía parecer
que su salud estuviese por quebrarse fatalmente.
Descartes sabía que sus ideas
novedosas podían traerle problemas con las autoridades católicas.
Esta situación lo empujó a desplazarse hacia el norte y a instalarse
en Holanda en 1828.
Su prestigio crecía y sus seguidores también. Entre estos últimos se
sumó la Reina Cristina de Suecia, quien hizo de su corte un
verdadero centro del arte y la cultura. Cristina comenzó a
comunicarse por correspondencia con Descartes en 1647 y dos años
después lo invitó a sumarse a su prestigiosa corte como filósofo
real.
Así fue como el filósofo y matemático francés se embarcó en
septiembre de 1649 hacia la capital nórdica, donde hallaría la
muerte sólo unos meses después.
¿Qué pasó en tan corto lapso? Hay dos explicaciones: A) En el
cumplimiento de su nuevo rol de filósofo de la corte, Descartes
debía impartir lecciones diarias de filosofía a la propia reina, su
admiradora, pero las ocupaciones de ésta requerían que las mismas
tuvieran lugar muy temprano (¡a las 5:00 A.M. en el invierno
nórdico!), lo que probablemente hizo mella en la salud del francés;
B) Algún miembro de la corte, temeroso de la influencia que el
filósofo católico francés pudiese tener sobre la joven reina de esta
nación protestante (Cristina tenía por entonces tan sólo 23 años),
lo envenenó.
Navegando por los canales de esta bellísima ciudad pienso, con un
dejo de pena, en el gran "Padre de la Modernidad" y su misteriosa
muerte. Tal vez imbuido del romanticismo que inspira este paisaje
urbano-natural de ensueño comienzo a pensar que la muerte de
Descartes no fue sino una representación dramática del destino de la
Modernidad: huyendo de una vetusta inquisición tardo-medieval se
adentró entre los cortesanos de un "orden nuevo" cargado de las
mismas mezquindades que siempre han habitado en las cercanías del
poder. |