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La
ciudad croata de Dubrovnik vivió sus años de mayor esplendor
durante los siglos XV y XVI, cuando competía de igual a igual con
Venecia por el dominio comercial del Mediterráneo.
Lamentablemente el terremoto de 1667 impidió que la mayor parte de
los edificios góticos y renacentistas de aquellos tiempos de gloria
continuaran en pie. Sólo sobrevivieron intactos el
Palacio Sponza, el
Palacio
del Rector y las
murallas. Algunos
edificios fueron reparados y se construyeron otros nuevos, de estilo
barroco.
La
belleza de su arquitectura gótica, renacentista y barroca, sumada
al encanto de las transparentes aguas del Adriático junto a las que
se eleva, le dan al casco histórico de Dubrovnik un estilo y un
carácter únicos.
El
casco histórico posee dos entradas: la puerta Pile, al oeste, y la
puerta Ploce, al este. Una vez dentro, el turista puede visitar,
entre otros sitios de interés: la
gran fuente de Onofrio, el Monasterio
Franciscano, la Columna de Orlando, el
Palacio Sponza y la
Iglesia
de San Blas (patrono de la ciudad).
Sentarse
a beber un trago en alguno de sus pintorescos bares o disfrutar de
una exquisita cena en un restaurante con vista al mar son otros
modos de disfrutar la sensación de estar en este, uno de los
lugares más bellos de toda Europa.
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