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El accidente geográfico más famoso y representativo de Irlanda son sin dudas sus imponentes acantilados. De entre ellos, los más visitados por los turistas son los Acantilados de Moher (The Cliffs of Moher), ubicados al sur de la Bahía de Galway, sobre la costa occidental de la isla de Irlanda. Los mismos alcanzan una altura de 230 metros y se extienden por más de ocho kilómetros.
La vista de los acantilados, sumada a la experiencia de estar parado cerca de una pared de piedra de más doscientos metros de altura, genera una sensación indescriptible. La roca adquiere una tonalidad verde por la presencia de líquenes. El mar, de un fuerte color azul, golpea con furia contra
ella.
Antes de llegar a los acantilados, muy cerca de ellos,
se encuentra un estacionamiento para autos y motos, un centro de visitantes, una serie de tiendas de recuerdos y artesanías y una cafetería. La zona preparada para los turistas, señalizada y vallada, se extiende por unos setecientos metros. De todos modos es posible ir más allá y recorrer a pie los ocho kilómetros de acantilados.
También es posible, y vale la pena, ver los acantilados desde el mar. Para hacerlo hay que abordar un barco en Liscannor o Doolin.
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