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Hacia
fines del siglo XIX, el empresario inglés Cecil Rhodes compró unos
terrenos ubicados en la cuesta oriental de la
Montaña de la Mesa,
en las afueras de Ciudad del Cabo (Sudáfrica), con el fin de
preservarlos de todo posible desarrollo urbano. A su muerte,
ocurrida en 1902, estos terrenos pasaron por expresa indicación
suya a manos de la corona británica, convirtiéndose, a partir de
1913, en un parque destinado a la conservación de las distintas
especies que conforman la flora autóctona de la región de Ciudad
del Cabo.
Así
nació el Jardín Botánico Kirstenbosch,
considerado hoy como uno de los más bellos de todo el mundo, cuyas
más de quinientas hectáreas abarcan zonas de jardines cultivados y
espacios preservados como reserva natural. En el jardín Kirstenbosch
se combinan el colorido de las innumerables
flores con el belleza del marco
montañoso natural creando un ambiente verdaderamente encantador.
Numerosos
senderos conducen a los visitantes hacia los bosques de la reserva
natural. Éstos pueden,
además, recorrer los diversos jardines cultivados: el Jardín de la
Península, que cobija algunas de las más de 2.500 especies de
plantas típicas de la región; el Jardín Aromático, formado con
plantas de fragancias cautivantes; y el Jardín Medicinal, que
reúne plantas sudafricanas poseedoras de propiedades curativas.
El
Jardín Botánico Kirstenbosch alberga además una biblioteca, un
centro de investigación, un centro educativo y la sede central del
Instituto Nacional Sudafricano de Biodiversidad.
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