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"Acrópolis"
significa, en griego, "ciudad elevada". Muchas ciudades
griegas contaban con su acrópolis, ubicada sobre alguna elevación
natural próxima el centro de la ciudad. En ella ubicaban templos o
edificios de gobierno.
De
entre todas las acrópolis griegas, la más famosa es sin dudas la
de Atenas, en la que se encuentra el Partenón. Se trata de una
meseta rocosa, de 300 metros de longitud por 150 metros de ancho,
ubicada a más de 150 metros sobre el nivel del mar.
En
la Acrópolis de Atenas existía desde tiempos homéricos un templo dedicado a la diosa Atenea.
Durante las Guerras Médicas las tropas persas quemaron
y saquearon los templos de la Acrópolis (480 a C.), que serían
reconstruidos poco tiempo después por el estadista Pericles.
Entre
los edificios construidos durante el gobierno de Pericles se
encuentra el Partenón, templo erigido en honor de la diosa Atenea.
Se trata de un hermosísimo edificio de mármol blanco,
totalmente rodeado de columnas (8 en los frentes y 17 en los
laterales). Una imponente estatua de la diosa,
de doce metros de altura, realizada por el escultor Fidias con marfil y mil doscientos kilos de
oro, dominaba el interior del templo en sus tiempos de esplendor.
En
la Acrópolis de Atenas el turista puede visitar, además de las
ruinas del Partenón, los restos de la muralla de la época
micénica, del templo Atenea-Nike, del
Erection (el templo más
grande después del Partenón) y del teatro de Dionisos; así como el Museo de la
Acrópolis, en el
que se exponen piezas escultóricas encontradas en el lugar, entre
las que se destacan las Cariátides y las esculturas femeninas
dedicadas a Palas Atenea.
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