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Al
oeste del centro de la ciudad de Acapulco (México), a no mucha
distancia de él (unos quince minutos a pie), se encuentra La
Quebrada, una zona de acantilados en la que todos los días se
arrojan clavadistas al mar desde una altura de alrededor de 40
metros.
El
espectáculo de los clavadistas de La Quebrada, que viene
desarrollándose desde la década del treinta del siglo pasado,
adquirió tal repercusión internacional que muchas personas de los
más recónditos lugares del mundo se enteraron de la existencia de
Acapulco por él.
A
la dificultad que presenta semejante altura para el salto hay que
sumar el hecho de que la ensenada sobre la que caen los clavadistas
tiene tan sólo cuatro metros de profundidad. Por ello, quien se
arroja debe sincronizar su salto con la llegada de las olas.
Por
las noches los clavadistas se arrojan portando una antorcha. Algunos
de ellos realizan, para disfrute del público, piruetas y acrobacias
durante la caída.
Este
inolvidable espectáculo, que tiene lugar todas las tardes y noches,
puede verse desde una embarcación, desde otros acantilados cercanos
o desde la terraza del hotel El Mirador.
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